Relatos

Microrrelato | ¡Corre!

– ¡Corre! – escuché que decía mientras corría con todas las fuerzas – ¡Corre y no mires atrás!

Me encontraba al borde de mis fuerzas después de tanto correr. No era fácil cuando no iba con los deportes adecuado, pero tampoco sabía que tendría que estar huyendo de la avalancha de zombies que aparecieron de pronto al doblar la esquina.

– ¿Pero de dónde coño han salido? – No conseguía explicármelo – de pronto no pueden salir de la nada y nadie hemos visto ni oído nada – seguían dándole vueltas a la cabeza a preguntas que nadie tenía respuestas.

Solo esperaba a aguantar hasta llegar a casa y esconderme bajo la cama hasta que todo pasara, o quizá todo esto era un sueño y de un momento a otro me despertaría sobresaltada y me reiría de este sueño tan raro. No sería la primera vez.

‘Venga, dos calles más’ me animaba para no rendirme.

Me giré al escuchar como un hombre salía gritando con un extintor en mano. No fue mucho, pero me dio el tiempo suficiente para entrar en mi edificio.

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Reto creado por Stiby Katty

Objetivo: 8 Un extintor

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Relatos

Microrrelato #OrigiReto2019 | Inesperado (Enero)

La comida había salido mejor de lo pensado. Los padres de Ana fueron las personas más simpáticas y resultó que Ana estaba, incluso, más nerviosa que Nadia. Sobre la comida no hubo pega, a la humana le gustó todo y nadie se percató de que Nadia comía de forma mecánica, sin saborear.

Nadia se disponía a meterse en la cama cuando le llegó un mensaje de otra compañera, Silvia, advirtiéndole de que lo que se iba a encontrar no se lo esperaba nadie y que quería que no fuese la última en enterarse.

‘Enviando archivo…’ se leía en la parte de arriba de la pantalla.

Lo que le llegó le dejó fría, sin saber cómo reaccionar. Se trataba de una foto de Ana con un chico, además con el chico que más se había reído de ella, el chico que le ha hecho casi la vida imposible en clase.

‘Sé que no deberías enterarte de esta forma’ le escribió Silvia ‘pero no me parece moral que sigas ciega a la infidelidad de Ana’.

Nadia soltó el móvil permaneciendo quieta mirando el techo sin saber cómo reaccionar.

 

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Reto creado por Stiby Katty

Objetivo: 14 Escribe sobre una infidelidad.

Objeto: 13 Un mensaje

 

Es la continuación del relato creado por Stiby de Solo un capítulo más. La primera y segunda parte las podréis encontrar aquí y aquí.

Gracias por leerme ^^

Relatos

Relato #OrigiReto2019 | La herencia (Enero)

No sabía si cogerlo o no cogerlo. Producía temor con tan solo mirarlo, ahí quieto, sin vida, pero que parecía estar persiguiéndote. Fueras a donde fueras ahí estaba, como si fuese un chicle o una mochila de la cual no te podías deshacer.

Maldito, mil veces maldito. Así estaba el condenado botijo de mi abuelo. Ese botijo que ha pasado de generación en generación. Ese botijo que arruina la vida a todo aquel que es legado, como le pasó a mi tatarabuelo, a su hijo después de él o, incluso a mi padre antes de heredarlo yo. ¿O quizá quienes estuviésemos malditos fuésemos nosotros, los hombres de esta familia? Pero os voy a contar cómo sucedió, cómo mi tatarabuelo encontró este botijo marrón, donde en uno de sus lados está la figura de un hipogrifo con la cabeza alta y las alas abiertas. Una criatura mitológica espléndida, todo hay que decirlo, pero no el lugar donde se encontraba grabado.

Mi tatarabuelo Sebastián estaba en unos de sus viajes, uno de los muchos que solía hacer a lo largo del año. Esta vez había decidido ir a Roma, a ver las ruinas del arco ‘Septimio Severo’, pues allí le esperaba una de sus muchas amantes. Además, ardía en deseo de conocer de una vez por todas Italia y su capital, así que con tan solo un petate y un poco de dinero se embarcó rumbo a Italia en el primer barco que zarpó.

Dalia le esperaba con los brazos abiertos, pero con un secreto que Sebastián descubrió cuando ya fue tarde, el cual contaré más adelante. Vamos despacio y con buena letra. Sebastián pasaría en Roma dos semanas, o más según fuese la estancia, y ya tenía los planes hechos con Dalia de guía por toda la ciudad. Comerían en las pizzerías más famosas y cenarían en casa de ella para después proceder a ver la ciudad cuando todo el mundo estuviese dormido y dejarse llevar por la pasión como si de dos adolescentes se tratasen. Y así fue, al principio. Dalia le llevó a ver el Foro Romano y se dedicaron a ver ruina a ruina bien a fondo, empezando por el ‘Templo de Cástor y Pólux’ y acabando por el’ Templo de Jano’.

Todo iba a las mil maravillas, ambos eran felices en la presencia del otro y en todo momento no paraban de recordar esas tardes en la que se conocieron, ella con tan solo 20 años y él con 22, cuando estuvo investigando para el periódico de su ciudad, en la cual se dedicaba a mencionar todo aquellos monumentos o bares que ningún turista podía perderse. Se chocaron y saltaron chispas al instante, desde entonces habían seguido manteniendo el contacto. Tres años después, Dalia le había propuesto volver a verse y él no se lo pensó dos veces, pues necesitaba hacer algo distinto, salir de la rutina.

La última noche, Dalia no pudo más, rompiendo a llorar decidió contarle lo que le costaría todo lo que poseía Sebastián. Dalia le contó que iba a casarse con el hijo del jefe de su padre un año antes de conocerlo; sin ella amarlo, sin él amarla, por lo que decidió huir de casa, huir de un matrimonio sin amor, pero que en su huida, de noche, sin dinero y perdida, una anciana se apiadó de ella y le dio cobijo en su casa, esa casa donde en esos momentos se encontraban ellos dos. La anciana fue muy amable con ella, le dio una cama donde dormir y una manta para abrigarse, pero a la mañana siguiente se encontró sola en esa casa. Esa anciana amable se había ido. Dalia esperó horas, días, pero no regresaba. Cansada y aburrida de esperar decidió husmear por la casa y en la habitación donde había estado durmiendo se encontró justo bajo la cama una trampilla, en esa trampilla tan solo se encontraba un botijo envuelto en una manta. Se disponía a volver a casa con él, y así lo hizo, pero los padres renegaron de ella, la desheredaron y la dejaron sin nada, así que volvió a la casa. La cosa fue de mal en peor, no la contrataban en ningún lado, en la calle la repudiaban, por lo que decidió proponerle a Sebastián que la visitara y así liberarla entregándole el botijo. Sebastián conmovido decidió llevarse el botijo, pensando que las cosas salieron mal porque es lo que ella cree que pasó, pero que en realidad era un simple botijo.

La sorpresa vino el día que se despidieron, cuando Sebastián salió de la casa con botijo en mano y no había dado ni dos pasos cuando Dalia se desintegró como si de humo se tratase. Sorprendido, Sebastián huyó de allí, aunque en el camino no dejaba de pensar si lo que acababa de suceder era verdad o solo imaginación suya. Una persona no podía desaparecer así como así, era imposible. Con estos pensamientos cogió el barco de vuelta sin acordarse del botijo hasta que llegó a casa.

Al día siguiente a su llegada a Madrid, dispuesto a ir al trabajo le dieron la noticia de que su hermana había fallecido al dar a luz, dejando en el mundo un niño sin padre, pues el padre falleció tres meses antes al suicidarse al diagnosticarle una enfermedad que le dejarían en silla de ruedas y decidió quitarse la vida antes de que su mujer le tuviese que servir toda la vida. Así fue como mi abuelo Roberto pasó a ser como su hijo, pero esa no fue la única mala noticia. Unos días después su jefe le había despedido, se había cansado de publicar en su periódico recomendaciones de monumentos y bares, lo veía obsoleto alegando que ya nadie viajaba; así fue pasando una tragedia tras otra y con el botijo maldito fue pasando de generación en generación hasta llegar a mí, a mis manos.

¿A qué viene toda esta historia? Pues que ya ha caído tal desgracia sobre mí, pero yo voy a hacer algo que mis antepasados no se atrevieron a hacer, y no hablo de romperlo porque parece ser irrompible. No pienso dejar que este botijo arruine la vida a mi hijo de dos años, no pienso dejar que me arrebate a nadie.

Elena, Ismael, con esto quiero decir que lo sois todo para mí. Esto no es un adiós, pues nos volveremos a encontrar, no en esta vida, pero si en la otra.

Os quiere, Rodrigo.

PD: No lloréis por mí, en su lugar celebradlo con una botella de ron. Celebrad que salvé a mi querido hijo de una maldición que le habría arruinado la vida.

 

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Reto creado por Stiby y Katty

Objetivo: 1 Protagonista principal es un botijo o un objeto maldito o que la historia se centre en él.

Objetos ocultos: 4 Criatura mitológica y 19 Botella de ron

 

Gracias por leerme ^^

 

Relatos

Microrrelato (1)

Anoche antes de acostarme me vino la inspiración después de estar sin escribir durante tres años, no sé que me pasó pero no se me ocurría nada y si se me ocurría no me gustaba. Pero anoche estando cerrando ya todas las ventanas del ordenador para ir a dormir se me ocurrió este pequeño fragmento que espero que os guste.


Tumbada en mi cama con la cara hacia el techo me desperté una mañana lluviosa, recordando la conversación del día anterior.
          ¿Me sigues queriendo?
          No – tras un breve silencio – dejé de querer hacer tiempo.
          ¿Entonces que haces conmigo?
          Porque te amo.
Me giro mirando a la pared, oigo repetirse en mi cabeza esas dos palabras “te amo” como un eco pero que no acaba nunca.

Suena la alarma del móvil, suena la primera canción que escuché con él “Just  the way you are”. Aún recuerdo como me miró con esos ojos castaños mientras me cogía de la mano intentando transmitirme todo lo que le hacía sentir y yo como una niña asustadiza le arrebaté mi mano.

Harta de estar en la cama decido levantarme y aun dejando a oscura la habitación salgo y bajo las escaleras en silencio.

Al entrar en la cocina todos se giran hacia mí, todos con cara tristes y de pena por mí y en ese momento se me cae el alma a los pies. Busco la mirada de mi madre, pero no se atreve a mirarme. Ahora busco la mirada de mi hermana, pero tampoco es capaz de mirarme a los ojos. En ese preciso instante suena mi móvil arriba. Subo de vuelta a la habitación y miro el móvil.

“Espero un sí”

Es lo único que leo en la pequeña pantalla del Nokia. Vuelvo a bajar pero no me dejan entrar en la cocina, en la mesita de la entrada hay un sobre cerrado. Con los nervios lo rasgo por el centro y lo primero que hay es un billete hacia los Ángeles. Levanto la cabeza y vuelvo a mirar a mi familia está vez la mirada es de alegría pero a la vez de tristeza.

Tras tanto meses de lucha, por fin veo mis sueños realizados. Estar con el hombre que me quitaba el aliento e irme a Los Ángeles a estudiar.


Ana Ramírez
Relatos

Relatos (4): El pequeño ángel negro

Esta es una historia que escribí hace tiempo ya (a ver si me pongo de nuevo) y que en el foro que lo colgué a más de uno le gustó e incluso otros le sacaron parecido a un cuento de Doña Garoza del Libro de Buena Amore de Juan Ruíz que yo por entonces ni conocía (he conocido la historia este año y porque me he tenido que leer el libro ToT). Así que sin más dilaciones os lo dejo por estos lares.

EL PEQUEÑO ÁNGEL NEGRO

Luz, eso es lo que se apreciaba un sábado por la mañana de ese verano, ese verano en el que todo cambiaría…
Un pequeño angelito de cabellos rubios casi platino corría descalza por la arena con su largo vestido blanco de tirantes, asustada, alguien la seguía…
Miraba una y otra vez hacia atrás y allí estaba él, ese demonio rojizo, de media melena negra con unas cornamentas bien puntiagudas, ojos oscuros como la noche y afilados colmillos y con patas de cabra.
Corría tras la pequeña niña con ferocidad, con una velocidad asombrosa. Cansado de correr dio un brinco aterrizando enfrente del ángelito quien le miraba con sus pequeños ojitos verdes llorosos.
– No por favor – le suplicó una vez más – yo no he pecado – lloraba sin consuelo.
– Pero lo harás, eres como las demás, una simple niña caprichosa, lo querrás todo para ti – con un gesto de la enorme mano la niña se evaporó sin dejar rastro alguno… – otra más – susurró satisfecho.
Una niña vestida con una vestidito negro y largo de tiranta esperaba en un embarcadero con sus largos cabellos negro y liso suelto al viento.
– Llegas tarde – susurro la niña sin moverse.
– Lo siento, no quer…
La niña con un gesto lo hizo callar mientras se levantaba y caminaba descalza con la cabeza gacha.
– No tienes por qué disculparte – le sonrió con esos ojitos negros, quien le acompaña sonrió.
Caminaron juntos uno al lado del otro sin mediar palabra, el simple tacto se transmitían todo lo que querían.
Siguieron caminando hasta que se hizo de noche, pararon frente a una pequeña casa, la niña poniéndose de puntilla le dio un besito en la mejilla y sonriendo salió corriendo hacia el interior de la casita.
El demonio suspiró cuando la vio perderse detrás de la puerta. Cómo era posible que se hubiera enamorado de esa pequeña angelito de la oscuridad, la que con su sonrisa hacia que todos sus malos actos desaparecieran, pero que al mismo tiempo le provocaban remordimientos al acabar con niñas de su misma edad.
– No – se dijo a si mismo – no mataré a ninguna más – se prometió.
Corriendo desesperado tras una pequeña niña de cabellos castaños con tirabuzones sonreía en su fuero interno.
Un pequeño angelito negro aterrizó enfrente de la pequeña niña castaña, quien derramaba todas sus lágrimas. Hizo que se colocará detrás suya y con enfado miró al demonio quien se le encogió todo su ser al ver esa mirada.
– Cómo te atreves a decir que me amas si vas matando a mis hermanas – le reprochó – cómo pudiste jugar así conmigo – decía con el corazón encogido.
– No he jugado contigo – susurró – te amo, pero es mi trabajo – dijo acercándose con lentos pasos.
Si el demonio pudiera llorar, lo haría, pero no había aprendido que era llorar por un ser amado.
– Mentira, si me quisiera dejarías ese trabajo.
– No… no puedo, me matarían – dijo agachando la cabeza.
– Pues entonces, me tendrás que matar a mí también, no dejaré que le pongas un solo dedo encima. – Le dijo temblando de miedo pero sin dar un solo paso que la delatase.
El demonio suspiró y asintió levemente, con rápidos movimientos de manos hizo desaparecer a las dos pequeña, ¿pero cual fue sus sorpresa? Su pequeña amada no murió, siguió ahí, pero no en carne y hueso, si no como espíritu, persiguiéndolo, impidiendo que volviera a matar a cualquier pequeña.
Por su mal trabajo terminaron matando también al demonio, pero no lo lamentó, se alegró, estaba feliz, por fin volvería a ver su pequeña angelito negro.

Por Ana Ramírez